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Despedida Austro-Húngara

Domingo, 14 de noviembre de 2010


Una locación de lujo. Muchos trailers y allá al fondo un camión de catering enorme con su barra y mesas con mantel de tela para almorzar. Si pedías un vino te servían Chivite. Algo extraño porque en los rodajes no se suele llevar alcohol, pero es que iba de la parte del cliente.
Y allí había mucho cliente. A esta filmación se le imprimió un punto de evento de relaciones públicas. Se agasajó desde los directivos de la ONCE a los gerifaltes de nuestras cuentas distinguidas.
Más de un centenar de técnicos, actores, eléctricos, peluqueras, maquilladores, modistas y yo por ahí perdido envuelto en una gabardina gris de Adolfo Domínguez muy moderna que me daba un aire de franciscano intergaláctico.
Años de la posmodernez y las ilusiones. Sobre todo la de que te tocara el cupón de la ONCE. Por entonces siguiendo la senda de Contrapunto, las publicitarias concursaban a degüello por las campañas del cupón. Por la pasta, por el prestigio y por los premios.
Así se lo plantearon a los ciegos y Alas Bates presentó una campaña de 3 spots rodados por Berlanga o la productora del hijo de Berlanga. A mi me dio la sensación que más que vender numeritos se pretendía ganar algún león en el festival de Cannes.
Como el acontecimiento era planetario para Alas Bates, Marcos de Quinto y de Coca Cola Company, un grande del marketing y de España, que había supervisado mi contratación como redactor para la oficina de Málaga, me invitó al suceso con todos los gastos pagos. Algo que siempre se lo agradeceré, no por el gratis total sino por la oportunidad de conocer a uno de mis directores preferidos.
Se rodaba un plano secuencia muy complejo de un alumno que llega a la facultad con una chica de paquete en una moto literalmente austro-húngara y nos pasamos así todo el viernes repitiendo la escena.
Estaba toda la trouppe de cómicos del valenciano buscándose la vida y las marcas ante la grúa.
Y como en los cuadros de Velázquez la acción se sucedía en tres o cuatro capas en las que todos eran protagonistas añadiendo una interpretación adicional

Los personajes de Berlanga son difíciles de mirar.
Yo estaba por allí, intentando estorbar lo justo, fisgando cerca del monitor para ver como quedaba la cosa. Y en una de estas Berlanga me mira atentamente, se queda con mi cara de majaron y a través del ayudante pregunta quien soy, que pinto ahí y que si me gustaría salir en el spot, que me lo pagaban. Le dije que no que yo había ido a aprender al otro lado de la cámara, le hizo gracia y me adoptó buena parte de la tarde, en la que atendí a sus explicaciones y después me marche a mi olivo.
De todo el día de trabajo no se aprovechó ni un fotograma y se tuvo que repetir el rodaje entero al día siguiente pero esta vez sin tanto oropel ni canapé.
Me he arrepentí mucho de no haber salido en el spot, no obstante esa negativa me dio pie a escuchar a un verdadero genio, escéptico y socarrón. Que descanse en paz.

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