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Muy noble, leal y puerca suciedad.

Domingo, 13 de febrero de 2011

Ponte en situación. Mañana de agosto. Campamento de instrucción militar del IMEC. Campo de tiro. Ejercicio de fuego real con granadas de fusil. Acoplas una bocacha al CETME, en el cargador una vaina que solo expele gases, endiñas la granada en el cañón, apoyas en el suelo, apuntas, disparas y el muñón (torpe) de oficio, Vadillo un  estudiante de 3º de derecho, hace un  disparo muy torcido e incendia el monte. Hay que apagar un fuego con urgencia. El capitán  ordena que nos pongamos el casco, dejemos el fusil y que vayamos a extinguir el fuego con el zapapico. Vienen con nosotros, los tenientes abriendo el paso indicando  donde hay peligro. Nos señalan las granadas, los obuses y proyectiles de mortero con carga viva sin estallar. En la ladera florecen pétalos de hierro retorcido de un rojo oxidado y ahumado que no he vuelto a ver, gracias a Dios. Con el cuerpo borracho de adrenalina obedecemos, hacemos un cortafuegos a la velocidad del relámpago.

Se apaga el incendio  y asunto solucionado. Toda la compañía tenemos otra anécdota para contar.

Hoy en el Paseo de la Farola cuando me encuentro con los oasis de las palmeras como estercoleros, con botellas de refresco, cascos de litronas rotos, cajas de pizza, bolsas, papel de aluminio, colillas de porros,  me acordé de la anécdota del servicio militar. Los restos de botellón también son potencialmente  explosivos contra el turismo. Vemos oleadas de cruceristas, nuestro maná  que desciende de la pasarela de embarque   del Aida Bella, buque de lujo de bandera italiana, ya me dirás qué buena primera impresión.

La diferencia entre una situación y otra es  que no hay una autoridad a la que respetar,seguir, temer o dejar actuar.

Y que no me vengan con que son argumentos reaccionarios ni que la culpa es de  los servicios de limpieza. Es de nuestra entera mala y malagueña  educación. De nuestra exclusiva responsabilidad. Si recriminas a un niño  cuando tira algo al suelo te amenaza con partirte la cara, si antes no lo hace su familiar más cercano.

Por mucho que limpien los barrenderos, que lo hacen, se sigue tirando basura. En la calle, en la playa, en la cuneta, por la ventanilla del coche. Ya pasará alguien que lo quite, que se fastidie, que para eso le pagan.

Yo propongo retirar las costumbres de estos especímenes a base de sanciones. Multas que no se paguen con dinero sino con trabajos de limpieza. Si ensucias lo limpias. Qué haces botellón, perfecto, si lo dejas como una pocilga, te denuncio y la semana que viene cuando se te haya pasado la mona, elijes entre venir  con nosotros a barrer lo que han dejado los de tu tribu o pasártela en el calabozo sin móvil por supuesto. No es una medida popular, electoral y que enloquezca de amor al añorado voto juvenil. Mientras la imagen de nuestra muy noble, leal y puerca suciedad sigue deteriorándose por la libertad de los incívicos habituales.

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