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Cuando las barbas de tu vecino veas crecer.

Sábado, 13 de noviembre de 2010


El uso del adverbio denota pereza mental. Estadísticamente pertenezco a una especie desprotegida. Me puedo teñir de empresario o ente autónomo, la cotización a la seguridad social va en el mismo régimen. En el banco te tratan de una forma u otra según vayas con camisa de iniciales bordadas o con camiseta y sin afeitar.
Cuanto más trajeado pintes tienes más crédito, por consiguiente debes mucho más. Si te tienes que apañar con las sudaderas, cazadoras y botas de combate te toman por un mierdilla de los que apoquinan al contado. En mi caso es peor, siempre ando con prendas técnicas de moto no vaya a ser que un Audi de 40.000€ me lleve por delante, porque el conductor va dando gritos con una mano en el móvil y la otra en la palanca del cambio.
Un consejo: cuando me veas con traje y corbata échate a temblar. Cuando te rasuran los ingresos, el trabajo crece grosero como las uñas de los pies, y sobre todo los encargos son especulativos y aventureros, otra recomendación: en ese caso pasa de mí, ni me llames.
Ya sé que no tienes la culpa pero por el amor de la cofradía, no hagas saltar la espoleta de mi ira, repito: la tendencia empresarial va de golpes en guante de cuero.
Ser autónomo y tener familia a cargo hoy es peligroso. Isabel Alba de Roadmap hizo un apunte tan liviano como verídico de lo que está triturando nuestra sociedad.
Y Javier González de Lara, vicepresidente de la CEM, a su manera también se ha echado al monte. Desde una tribuna de la Opinión de Málaga, ha manifestado y documentado la mala imagen del empresario que transmiten los libros de texto de los mundos de la educación para la ciudananía.
El 12 de diciembre del 2009 el Sr. Espinosa de los Monteros lo anunció en el Foro provincial para la cultura emprendedora. El empresario tiene pésima imagen.
Y peor cuerpo. Lo que muchos callamos son las escenas de lágrimas secas y soledad. Las náuseas en un ataque de pánico y el agobio que sabe a metal. Intentar responder a la pregunta que te descerraja el pecho con un punzada de angustia líquida que te despierta escarchado en sudor a las cinco de la madrugada: ¿En qué nos hemos equivocado? Mi caso es diáfano. En ser como soy.
Pero es que como yo somos demasiados y estamos desatendiendo los aspectos estratégicos de la gestión en llamar personalmente para cobrar piltrafas de 100 a 200€, algo que queda muy digno desde un traje de sastre, pero es altaente inoperante.
Si te fijas las barbas están proliferando en la estética de nuestras caras.
Dejarte barba es ahorrar.
Ahorrar tiempo en cuidado personal. Tiempo que es compro oro. Dejar de consumir cremas, gel, maquinillas y lo que pocos te contarán difuminar a diario las arrugas de la derrota en el espejo.
Las barbas regresan anunciando bárbaros tiempos de economía salvaje.
Voy a pillar en Soloptical unas gafas quevedianas que van a juego con los tiempos que me recorren de cinismo y preocupación vitalicia.
Si no sabes lo que cuesta una barba pregúntaselo a Gillette, una barba sin afeitar en su caso es lo mejor para el hambre.

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