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Deportes como te portes.

Miércoles, 13 de julio de 2011

Lluis Bassat, en su libro rojo recuerda con nostalgia los tiempos de las cuchillas de afeitar Filomatic en La vuelta a España

La caravana publicitaria paralela al pelotón genera un clima de expectación entre una muchedumbre ávida de regalitos, gorras, llaveros, octavillas y muestras gratis. Y sigue siendo así incluso  ahora que la vuelta a España se parece a la alumna que ha cateado y tiene que volver a  examinarse en septiembre.

Pero nos queda Le Tour y ese perverso ejercicio siestero de observar desde lo mullido del sofá como en un sillín minimalista pedalean y se retuercen en estampida ciclistas de fina estampa.

Le Tour es un ejemplo de libro y libro rojo de marca país. Con la disculpa de organizar el evento ciclista más importante del mundo, te muestran paisajes urbanos, pueblerinos o poligoneros de postal. De principio a fin de etapa.

Entonces me acuerdo del arquitecto Salvador Moreno Peralta, y en vez de mirar donde está la acción, el demarrage o el escapado, me fijo  en las cunetas de la carretera.

No se cómo lo harán pero por donde pasa el tour de Francia no ves ni un papel, ni una bolsa del Carrefour que tanto pancartean. Las cunetas están limpias de restos de periódicos, latas, kleenes, pañales y cualquier material biodesagradable que en la Deep Málaga somos capaces de arrojar por la ventanilla del coche o del tren.

Los pueblitos, ciudades y ciudadelas de Francia aparecen asépticas, con sus cháteaux, iglesias medievales aunque sean de cemento, sus campos de labores bien retribuidas, en resumen una dignidad y grandeur hasta en lo más modesto.

Es más , en los descampados hay voluntarios que simulan bicicletas gigantes con tractores, alpacas de paja,  , como hacía el manitas de Art Atack,  para que su inventiva destaque en televisión.

Le tour y esos prados de un verde hidratado a mitad de julio es hipnotizante.

Por el contrario, transitar por los secarrales de la España mía, agobia por lo destartalado y la suciedad.

En el número de mayo de la revista de la OCU Compra Maestra, en portada una comparativa de la limpieza de las calles. Los ciudadanos del norte están más contentos. En Málaga La Palmilla y el casco antiguo fallan en excrementos y limpieza de contenedores.

El eterno cantar. Es más limpio quien menos ensucia. Es un asunto de civismo. Y cada vez que veo como queda la playa cuando se marchan los enjambres de adolescentes, ese sembrado de latas de refreco, botellas de licor, sobres de chucherías, restos bocadillos, todo tirado de mala manera a escasos metros de las papeleras, me indigno.

No pretendo despotricar de los chaveas, la responsabilidad es de sus viejos.

El otro lunes, de regreso a casa, a la altura de la catedral me encontré con un grupito de niñatos ciegos como piojos. Desencuadernado y hecho un ovillo, tirado en el suelo un crío de 15 años, titiritando al borde del coma etílico. Me acerqué a un compañero suyo y le sugerí que pidiera un ambulancia. -Está controlado me respondió en tono mitad colega, mitad que te meto.

Viendo esto, la limpieza de las calles y la porquería de las cunetas es secundario. La marca país apesta a botellón, por más vueltas que le demos y algo habrá que hacer, esto es más profundo, no se arregla con una campaña de publicidad, ni con más efectivos de limpieza. Quien tenga una solución que me la escriba y unos cuantos le contestaremos merci beaocoup.

General , , ,

Muy noble, leal y puerca suciedad.

Domingo, 13 de febrero de 2011

Ponte en situación. Mañana de agosto. Campamento de instrucción militar del IMEC. Campo de tiro. Ejercicio de fuego real con granadas de fusil. Acoplas una bocacha al CETME, en el cargador una vaina que solo expele gases, endiñas la granada en el cañón, apoyas en el suelo, apuntas, disparas y el muñón (torpe) de oficio, Vadillo un  estudiante de 3º de derecho, hace un  disparo muy torcido e incendia el monte. Hay que apagar un fuego con urgencia. El capitán  ordena que nos pongamos el casco, dejemos el fusil y que vayamos a extinguir el fuego con el zapapico. Vienen con nosotros, los tenientes abriendo el paso indicando  donde hay peligro. Nos señalan las granadas, los obuses y proyectiles de mortero con carga viva sin estallar. En la ladera florecen pétalos de hierro retorcido de un rojo oxidado y ahumado que no he vuelto a ver, gracias a Dios. Con el cuerpo borracho de adrenalina obedecemos, hacemos un cortafuegos a la velocidad del relámpago.

Se apaga el incendio  y asunto solucionado. Toda la compañía tenemos otra anécdota para contar.

Hoy en el Paseo de la Farola cuando me encuentro con los oasis de las palmeras como estercoleros, con botellas de refresco, cascos de litronas rotos, cajas de pizza, bolsas, papel de aluminio, colillas de porros,  me acordé de la anécdota del servicio militar. Los restos de botellón también son potencialmente  explosivos contra el turismo. Vemos oleadas de cruceristas, nuestro maná  que desciende de la pasarela de embarque   del Aida Bella, buque de lujo de bandera italiana, ya me dirás qué buena primera impresión.

La diferencia entre una situación y otra es  que no hay una autoridad a la que respetar,seguir, temer o dejar actuar.

Y que no me vengan con que son argumentos reaccionarios ni que la culpa es de  los servicios de limpieza. Es de nuestra entera mala y malagueña  educación. De nuestra exclusiva responsabilidad. Si recriminas a un niño  cuando tira algo al suelo te amenaza con partirte la cara, si antes no lo hace su familiar más cercano.

Por mucho que limpien los barrenderos, que lo hacen, se sigue tirando basura. En la calle, en la playa, en la cuneta, por la ventanilla del coche. Ya pasará alguien que lo quite, que se fastidie, que para eso le pagan.

Yo propongo retirar las costumbres de estos especímenes a base de sanciones. Multas que no se paguen con dinero sino con trabajos de limpieza. Si ensucias lo limpias. Qué haces botellón, perfecto, si lo dejas como una pocilga, te denuncio y la semana que viene cuando se te haya pasado la mona, elijes entre venir  con nosotros a barrer lo que han dejado los de tu tribu o pasártela en el calabozo sin móvil por supuesto. No es una medida popular, electoral y que enloquezca de amor al añorado voto juvenil. Mientras la imagen de nuestra muy noble, leal y puerca suciedad sigue deteriorándose por la libertad de los incívicos habituales.

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