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No solo cambios

Viernes, 13 de noviembre de 2015

 

Illustration By Michele Rosenthal

http://michelerosenthal.blogspot.com.es/2011/04/ch-ch-ch-ch-changes.html

 

Cambio. Se nos llenan las pantallas de textos que proclaman el cambio, dando por hecho sus beneficios, cosa que pongo en duda. Necesariamente no tiene por qué ser siempre bueno, así me atrevo a afirmarlo. Hablo con la autoridad que me brinda la supervivencia.

Esa palabra, cambio, implica una acción en la que normalmente, cuando la estamos viviendo, si no es consecuencia de la propia voluntad, no nos enteramos que está ocurriendo. Hay cambios a peor, de los que no eres consciente, conformados de pequeños momentos cotidianos que se van sucediendo gota a gota hasta hacer subir la marea, que se desborda, y sin saber cómo, te ves ahogándote sin entender muy bien qué pasa.

Una vez te ha ocurrido y has sobrevivido, para la próxima vez eres capaz de recordar que sabes nadar, pero esa primera vez, tan primera vez como el resto de primeras veces, se te olvida hasta que flotas. Y te hundes en el cambio y el cambio se convierte en algo a rechazar irreflexivamente, e inconscientemente nuestra intuición nos susurra que todos los avances emocionales, tecnológicos, políticos, económicos y científicos que son capaces de hacerte encontrar la felicidad digital son virtuales mojones secos que se deshacen a patadas de Delete, por mucho que después seas capaz de volver a verlos como lingotes de oro y te declares el jandemor del Control-Z. Toda experiencia nutre, pero a toro pasado, seamos conscientes.

Estoy prefiriendo otras palabras, no todas buenas por defecto como “cambio”, ni malas por costumbre, pero así al menos amplío mi vocabulario y meto nuevas definiciones en mi cabeza dispersa. Transición. Periplo. Trayecto. Tramo. Metamorfosis. Transformación. Mutación. Tránsito. Paso. Trueque. Intercambio. Modificación. Acción… Acción, sí, esa me gusta: Un beso, un abrazo, un guiño, un silencio,… y, curiosamente, vuelves a respirar.

Pero ese aire nuevo no sirve de nada si no eres capaz de devolver el salvavidas, que va sin instrucciones pero que está lo suficientemente bien remendado, para que alguien más lo aproveche una vez vuelvan a bajar y subir las aguas de los tsunamis emocionales que nos arrollan cada día, porque si no es así, te volverás a hundir, porque no has cambiado nada.

 

Chaf/.

 

 

 

 

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